Es un lugar pequeño, pero bien mantenido, funcional.
Ver reseña originalMi colada now
Sobre esta lavandería
Reseñas de usuarios
Opiniones publicas de personas que han valorado esta lavandería.
Un lugar apropiado para lavar, pero tienes que venir temprano dado que ni hay muchas maquinas secadora.
Ver reseña originalLavandería con 3 lavadoras y 2 secadoras. Está bien, es cómoda pero solo se puede pagar en efectivo y en monedas de un euro. Deberían poner para pagar con tarjeta. Me venía de paso por aquí, pero no es para volver. Tiene la radio puesta y eso por lo menos entretiene la espera.
Ver reseña originalUn lugar bien equipado. Todo muy limpio y con todo lo que necesitas para lavar. No está permitida el lavado de ropa de mascotas
Ver reseña originalLlevé mi ropa a lavar y no pienso volver. ¿Dónde se ha visto que lavar la ropa cueste un mínimo de 6 €, y eso sin contar el secado? ¡Un auténtico abuso! Además, el sitio es muy agobiante: está lleno de carteles con normas por todos lados. Tardas más de 15 minutos solo en leerlos todos. Al final, tanta norma lo único que hace es estresar. Para colmo, el local estaba sucio, con pelusas por todas partes, la música altísima y un calor insoportable. Ni siquiera se podía mantener una conversación. Sinceramente, sale mucho más económico y cómodo llevar la ropa a la tintorería de toda la vida, donde te la recogen en casa, la lavan y te la entregan por un precio razonable. Definitivamente, haré mi colada en otros centros de lavado, como el de Calle Cantabria, donde jamás he tenido un solo problema.
Ver reseña originalEl domingo pasado fui a “Mi Colada Now” con mis tres peques (2, 5 y 7 años), y decir que fue una mala experiencia por el trato recibido es quedarse corto. Después de cargar y encender la lavadora, nos fuimos un rato a un parque cercano, ya que no quería esperar casi media hora ahí con los niños. Volvimos cuando faltaban 7 minutos para que terminara el ciclo. Mi hijo mayor estaba pendiente de la máquina, mi segunda hija sentada, y la más pequeña, que empezó a aburrirse, se puso a jugar un poco con las cestas de plástico que están a disposición de los clientes para mover la colada. Yo la estaba vigilando y vi que simplemente las movía, como si también estuviera haciendo la colada, en ningún momento molestando al otro cliente presente. Solo una vez me pareció que iba a meter un pie dentro, así que la detuve. En un momento, escuché una voz por el interfono, pero entre la música y el ruido de las máquinas no entendí lo que decía. Imaginando que me pedían que mi hija dejara de jugar, la detuve. Tras protestar un poco, ella se fue a sentar con su hermana. Sin embargo, la voz siguió oyéndose, y fue solo cuando las máquinas se apagaron y yo, junto con el otro cliente, comenzamos a sacar la colada, que me di cuenta de que el micrófono estaba abierto y uno de los responsables del local estaba haciendo comentarios insultantes sobre nosotros: que “me llevara a los niños a una guardería” (¿una guardería abierta un domingo?), y que por fin nos íbamos, entre palabras malsonantes. Incluso dijo: “No son sudamericanos”... Todo esto, repetido varias veces, ya cuando la niña había dejado de jugar. Después de haber recogido toda la ropa, me harté. Miré directamente a la cámara de seguridad y le señalé que se le escuchaba, llevándome el dedo al oído. Él siguió con sus comentarios, así que me imagino que no hay micrófono en ese local. El otro cliente se giró a mirarme; quizás no se había dado cuenta de lo que ocurría. Yo ya estaba bastante alterada y solo quería irme lo antes posible, lo cual hice en cuanto terminé, sin pensar en grabarlo (cosa que sin duda debería haber hecho). Antes de irme, volví a decirle y a señalarle que se le oía. Unos veinte minutos más tarde, volví al local con mi marido para ver si podíamos hacer algo, pero fue imposible. Había un cartel que indicaba la existencia de hojas de reclamaciones, pero no encontramos ninguna, solo unas tarjetas con datos de contacto y un buzón para sugerencias. Al llamar al número, saltaba un contestador. No había interfonos para contactar directamente con nadie. Por supuesto, el hombre ya se había dado cuenta de su error y no se escuchaba nada. Tampoco intentó hablar con nosotros al vernos allí dentro. Una experiencia lamentable, sobre todo porque mis hijos lo presenciaron todo. La reacción del hombre fue desproporcionada, grosera y totalmente fuera de lugar. Está claro que no volveremos, y seguiremos contando esta experiencia.
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